«Al principio, le cogí asco al Real Madrid»

Joe Arlauckas, que durante años fue una de las figuras del Real Madrid de baloncesto, ha concedido una entrevista a la revista «Jot Down» en la que repasa toda su carrera, haciendo hincapié en sus primeros años como jugador, en los que el alcohol y la fiesta estuvieron a punto de truncar su futuro profesional. Luego, con la llegada a Europa, el americano reconoce que llegó a odiar al club blanco, en el que luego se convertiría en una leyenda del baloncesto.

Según explica, cuando aterrizó en el TAU de Vitoria, todos los demás equipos le parecían poco. Lo único que le interesaba era ganar y por eso desdeñaba a Real Madrid y Barcelona. «Le cogí asco. Puedes decirlo: asco. Yo llegué con una mentalidad clara. ¿El Madrid el mejor equipo? Vete a la mierda. ¿El Barça el mejor equipo? Vete a la mierda. Al principio es que no sabía ni qué clubes eran, solo sentía mis colores, eso a los americanos nos lo inculcan en la high school. Y con los jugadores igual. ¿Sabonis el mejor jugador? Yo te decía: vete a la mierda», afirma en la entrevista.

Su relación con Sabonis, con el que formó una de las mejores parejas interiores de la historia del baloncesto europeo, fue tensa al principio. «Los primeros días le hacía preguntas: «¿Qué pasa, Sabas, que jugáis a las cartas en las concentraciones?». Y él: «Sí». Y ya está, no decía más. Además, a mí me gustaba jugar dentro, a cuatro cinco metros de la canasta. Sabas entre lo que medía y su envergadura, te quitaba dos metros de campo. Cuando él cruzaba, te quitaba todo el espacio, no podías penetrar y tampoco podías dársela porque estaba al lado y al final lo que te salía era un mal tiro. Pero yo era un profesional, así que fui buscando el punto de compatibilidad», señala.

El americano recuerda los partidos contra aficiones como la helena, donde se crecía para anotar más puntos. «Eran los partidos más intensos que había. Recuerdo contra el Olympiacos, dieciocho mil tíos cantando la canción de Queen, ‘We Will Rock You‘. Pero sin música, todo el campo haciendo el ritmo. Y yo: «Hostia, qué bonito». Se me subía la presión de la sangre. Y de repente empiezan todos: ‘We will, we will fuck you‘. Ahí me paré: ‘Qué cosa más bonita, hijos de puta, os voy a meter treinta en la puta cara‘. La verdad es que jugando en Grecia me ponía casi cachondo. Nunca olvidaré eso en mi vida. Luego te vas a Huesca con mil ochocientas personas y no es lo mismo».

En sus primeros años, las juergas universitarias estuvieron a punto de costarle su carrera. «De hecho, el día que conocí a mi exmujer me estaba quitando la ropa en un bar. Y aquel día subí a bailar. Borracho, por supuesto. Me acuerdo de que había un backstage en el que te explicaban cuáles eran las normas, que se reducían básicamente a que no te podías sacar el rabo. Salí con tres o cuatro tíos más. Uno, con unos músculos que alucinas. Pues estamos bailando en tanga como gilipollas y oigo: ¡Diez!, ¡once!, ¡doce! Resulta que el cachas se había puesto a hacer flexiones en el suelo. Cogí, le di una patada en un brazo, se dio una hostia contra el suelo con toda la cara y en ese momento me colgué del techo. Gané», afirma.

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