así fue el debut de Nadal en Roland Garros

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Fue en al pista 1 de Roland Garros, conocida como la plaza de toros. Hace 15 años, Rafael Nadal se estrenaba en el Grand Slam francés, el torneo que más gloria le ha dado, campeón en doce ocasiones y con unas estadísticas inigualables. Ese año, el de su debut, terminó en mordisco, el primero de tantos. Hace dos años, cuando en 2017 Nadal conquistó su décimo título en París, ABC quiso hablar con su primer rival, un alemán que recordaba ese capítulo con detalle. Se llamaba Lars Burgsmuller y ahora es radiólogo. Por el interés de esa charla, ABC rescata ese texto para ensalzar la efeméride.

Lars Burgsmuller tiene ahora 41 años, es doctor y solo juega al tenis de vez en cuando con alguno de sus tres hijos. «Ya no estoy involucrado en el tenis ni en la escena tenística, sólo juego para divertirme una vez a la semana con mis hijos. No soy entrenador, ni juego competiciones ni nada por el estilo. Estudié medicina y ahora trabajo en un hospital. Soy radiólogo», explica. ¿Quién es Lars Burgsmuller?, se preguntará la mayoría, olvidando que fue el principio de todo, parte viva de la historia de Rafael Nadal en Roland Garros.

Pues bien, Lars Burgsmuller es el primer jugador que se enfrentó a Rafael Nadal en Roland Garros, destrozado en ese 24 de mayo por un niño que ahora es leyenda (6-1, 7-6 (4) y 6-1). Con esa camiseta verde sin mangas, los piratas y esa melena, Nadal se presentó en París a lo grande, imposible imaginar entonces todo lo que se cuenta de él ahora. «Puedo recordar el partido. Recuerdo que todo el mundo hablaba ya de Rafa Nadal, que todo el mundo decía que iba a convertirse en un gran jugador. Había jugado antes con él, en Indian Wells 2004 (6-2 y 6-3 para Nadal), por lo que sabía a lo que me iba a enfrentar. Sabía que iba a convertirse en alguien muy bueno. La primera vez que jugué con él ya me di cuenta de que cuando pensabas que habías ganado el punto, encontraba la manera de llegar a la bola. Era rapidísimo y te obligaba a alargar los puntos y presionaba mucho para terminarlos», relata Burgsmuller para ABC, exquisito en la conversación mientras se oye el llanto de uno de sus hijos al otro lado del teléfono.

Ninguno de los tres sabe que su padre estaba ahí ese día, en la plaza de toros de Roland Garros (así se conoce a la pista 1 por su forma circular), aguantando un recital de derechas durísimas y puños exagerados. «El mayor de mis niños tiene 7 años y empieza a ser consciente de que una vez fui jugador de tenis, pero aún así le queda muy lejano. No lo entienden todavía. Una vez, estábamos en casa, todos en el sofá, y puse un vídeo mío jugando a tenis. Estaba ahí en la televisión y mis hijos no podían entenderlo. “Papá, ¿eres tú el que está en la tele? Y ¿cómo puedes estar con nosotros en casa también?”. Saben que fui tenista y ellos juegan una vez a la semana, aunque prefieren el fútbol», explica Burgsmuller, que no añora demasiado la vida en el circuito. «Puedo estar en casa y no tengo que viajar 25 semanas al año a diferentes países del mundo. Estoy con mi familia, con mis tres hijos y esto me gusta mucho».

El 96 del mundo

Pero se trata de hablar de Nadal, de aquel bautismo en París que duró una hora y 45 minutos. Burgsmuller, que era el 96 del mundo, se medía al número cinco, con motivos de sobra para ser considerado el favorito pese a no haber pisado jamás Roland Garros. Eso sí, lo que ha pasado después es un empacho de locura. «Cuando ves a un jugador como él, aunque sepas que va a ser uno de los mejores, no imaginas que pueda llegar a ganar lo que ha ganado él. Verle ganar ese año (2005) y los ocho que vinieron después… Fue fantástico. Primera vez que juega en Roland Garros, primera vez que ganó. Es increíble».

Con el único título de Copenhague (2002) en su palmarés, Burgsmuller piropea al mallorquín, asombrado por su evolución desde aquel mayo de 2005. «Golpeaba muy duro a la pelota. Su defensa, cuando está defendiendo, creo que no hay mejor jugador que él. Es rapidísimo en las esquinas y golpea muy bien la pelota desde posiciones incómodas y eso le convierte en uno de los mejores de la historia, sin duda. Durante estos años, ha mejorado muchísimo en otras superficies y se ha mantenido en un excelente estado físico. Es un jugador muy completo».

Ahora, con perspectiva, entre radiografías y juegos en el parque, feliz en su vida anónima, Burgsmuller asume con cierta gracia ser parte de la historia. «Cuando jugué con él y perdí, evidentemente no me gustó. No estaba contento. Pero años después, siempre podré decir que fui el primer jugador al que Nadal venció en Roland Garros. Es especial. Pero en aquel momento, cuando perdí con él, hubiera elegido otro jugador para jugar en contra y haber tenido opciones de ganar». Ya sabía que, con Nadal de por medio y en París, no tenía nada que hacer.

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