El calvario de Malcom desde que salió del Barcelona

No levanta cabeza Malcom, un tipo que sólo sabía de sonrisas en sus días en el Girondins de Burdeos y ahora está conociendo la cara más amarga del fútbol en Rusia. Si ya cuando llegó al Zenit de San Petersburgo sufrió al ver cómo los aficionados de su propio equipo sacaban una pancarta en la que se criticaba a los directivos por fichar a jugadores de color, ahora son las lesiones las que le traen por la calle de la amargura.

Todo ello con el peso de los 40 millones que costó al conjunto ruso sobre sus hombros. Son 62 minutos los que ha podido disputar en lo que va de temporada, con octubre ya bien entrado. Disfrutó de 18 en el partido en el que consumó su debut, ante el Krasnodar, y de un tiempo completo, 45, frente al Dinamo de Moscú, nada menos que el 10 de agosto. Hasta ahí su aportación.

El motivo es una lesión de cadera sin solución aparente en el corto plazo. «Tengo una lesión muy delicada y sensible. Parece que duele uno o dos días y luego no siento dolor, pero cuando chuto con un poco más de fuerza me vuelve a doler. Tengo que hacer mucho gimnasio para fortalecerme», explicó el futbolista.

«Los hinchas del club no se deben preocupar. Mi recuperación va a ser muy rápida», expresó Malcom, deseoso de volver a vertise de corto, a sentirse otra vez futbolista, no digamos el que no hace tanto apuntó. Por lo pronto, ha tenido que volver a someterse a cirugía y no volverá a jugar, como pronto, hasta 2020.

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