El reto del número uno no agobia a Tiger Woods

Todavía resuenan los ecos del triunfo de Tiger Woods en el Masters de Augusta y el protagonista no ha tenido aún tiempo de asimilarlo. Vive en una nube y no puede ni quiere mirar más adelante en sus objetivos. De hecho, según reconoció nada más terminar, lo único que ansiaba era poder disfrutar de la victoria con sus seres queridos y aparcar los palos de golf por unos días. A sus 43 años, su profesión le requiere ser más comedido con los tiempos para que su cuerpo no vuelva a reventar. Ya ha sufrido doce operaciones quirúrgicas y su cuerpo necesita cada vez más cuidados.

«No quiero ni pensar en superar los 18 grandes de Jack Nicklaus; ahora me toca disfrutar del decimoquinto que acabo de conseguir», declaró con una sonrisa al recibir la chaqueta verde. Y puso freno a las especulaciones sobre volver a ser número uno del mundo. «Lo importante es hacerlo bien en cada torneo y sumar muchos puntos; luego lo que tenga que llegar, llegará. No me obsesiono por algo que no puedo controlar».

Sistema alambicado

No le falta razón al genio. El sistema por el que se maneja el ranking mundial es bastante complejo, por lo que no tiene mucho sentido preocuparse por él. En líneas generales, computan los resultados de las dos últimas temporadas, pero con diversos factores de corrección que van aumentando de porcentaje a medida que pasa el tiempo. A diferencia del tenis, que los puntos que se ganan en una semana se mantienen hasta el año siguiente en la misma prueba, en el golf a los trece torneos lo conseguido ya vale menos y así progresivamente, hasta que al segundo año sólo alcanzan un 25 por ciento del total. Y todo ello, dividiéndolo por un número mínimo de 40 torneos en todo el periodo.

Para complicarlo un poco más, no solo depende de la actuación de un jugador en particular, sino que también influye lo que hacen los rivales. Esto quiere decir que es muy fácil subir posiciones cuando se viene de un periodo sin jugar y también bajarlas cuando no se compite. El primer caso se ve muy a menudo cuando irrumpe una nueva estrella en el panorama internacional, como fue el caso de Jon Rahm hace un par de años. Al no tener torneos por los que dividir, toda la ganancia que obtuvo en sus primeros cuarenta torneos fue neta; así llegó hasta el número 2 de la tabla. «Es muy complicado y no voy a negar que se trata de un estímulo ver que vas mejorando cada semana, pero no puede convertirse en una obsesión porque no está en tu manos», comenta el vizcaíno, que después del subidón inicial vio la crudeza del sistema al tener que mantener luego el buen nivel para no perder posiciones. La única forma de seguir arriba es ganando y como lleva seis victorias internacionales en tres años y no deja de cosechar puestos entre los diez primeros semana tras semana, ocupa ahora mismo el undécimo puesto. Un mérito tremendo que no siempre tiene reconocimiento. «La gente muchas veces sólo se fija en quién es el primero en la tabla y no valora lo que significa estar siempre entre los de arriba -indica Sergio García, que también alcanzó el segundo lugar y que ha estado quince años en el top-10-. El mundo es muy grande y cada semana tienes que pelear con miles de jugadores sin que eso trascienda».

Un lugar conocido

En el caso de Tiger, el principal objetivo de su última etapa era estar sano y volver a disfrutar jugando al golf. «Hace apenas dos años no podía ni levantarme de la cama, no podía pensar en absoluto en ser un ganador de nuevo», reconoció compungido, por lo que aceptará de buen grado lo que la vida le depare a parir de ahora. Después de ser número uno durante 683 semanas, ahora es sexto y no sería impensable que alcanzara la cumbre de nuevo. «Si gana un par de torneos más podría lograrlo, porque no va a restar casi nada en los próximos tiempos», afirma el director del World Ranking, Ian Baker. Como su calendario va a estar muy medido, el reto lo tiene ahí. «Este año quiero jugar poco, voy a ir solo a los sitios más importantes y donde pueda ganar», remató Woods. El PGA Championship del mes que viene es su meta.

Las cosas se añoran cuando ya no se tienen y siempre apetece volver a lo más alto. «Cuando llegas al número uno lo tomas como algo normal, como una consecuencia de tu trabajo -indica Carolina Marín, reina del bádminton-, pero cuando lo pierdes por una lesión le das más valor y aprecias todo lo que hay que sufrir para estar allí arriba y mantenerse». El extenista Juan Carlos Ferrero, que fue número 1 de la ATP durante ocho semanas en 2003, tiene claro que «para gente como Tiger, Nadal o Federer, el número uno ha pasado a ser secundario. Ahora pelean por sentirse bien y por ganar torneos, pero no por el ranking. Está claro que si lo tienen a tiro será una motivación más, pero no el objetivo principal».

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