«Hemos devuelto la esperanza a la gimnasia artística»

Los campeonatos y las hazañas, en realidad, se ganan con los focos apagados. Sin más aplauso que el interno y personal y el de las compañeras de travesía. Así ha trabajado la gimnasia artística española en los últimos años. Con el brillo del bronce de Patricia Moreno en suelo en Atenas 2004 como hito en el que reflejarse. Con el sudor diario y sin la recompensa de los Juegos desde aquella proeza cada vez más lejana. Pero el esfuerzo y la constancia nunca fueron en vano. Hoy, la selección femenina de gimnasia artística celebra que volverá a estar en una cita olímpica. Tokio 2020 verá la pasión que ha alimentado su ilusión todos estos años de trabajo en la sombra.

«Estamos eufóricas. Hemos vuelto a hacer historia y hemos devuelto la ilusión a la gimnasia. Es una sensación increíble. Es un logro para toda la gimnasia nacional», resume para ABC Roxana Popa, integrante del equipo nacional. «Aún lo estamos digiriendo. Es el premio a muchos años de haberlo pasado mal, una vez que salimos de la línea de los Juegos», cuenta Lucía Guisado, seleccionadora nacional, desde Stuttgart. Donde el equipo formado por Popa, Cintia Rodríguez, Ana Pérez, Marina González, Alba Asencio y Alba Petisco lograron la plaza para Tokio.

Donde también empezó el calvario. «Desde Atenas fue un cúmulo de mala suerte. En Stuttgart 2007, teníamos más del 50% del equipo que compitió en Atenas. Pero Patricia se rompió los ligamentos en el primer aparato. A partir de ahí, una rueda: dependemos de las subvenciones del CSD, que son por resultados, y no tener un equipo en unos Juegos hace que el presupuesto baje muchísimo. Pierdes apoyos económicos que son vitales para conformar un equipo, atraer más talento, viajar a torneos…».

También, claro, se resienten las pasiones: «El desánimo cunde en las deportistas: sin Juegos se pierde el objetivo, la chispa. No se ven horizontes en los que progresar. Empiezas el ciclo olímpico con esa meta; y sin esa meta, ¿qué haces? Pues hay que pensar en estudios y en poder vivir. No les puedes reprochar nada. Es la vida», continúa Guisado. «La mayor mala suerte es tener un equipo en muy buenas condiciones y que por el camino se vayan quedando deportistas que podían haber aportado muchísimo», incide Popa.

España contará en Tokio con la presencia de los dos equipos, femenino y masculino, pues también ellos regresan a una cita olímpica tras su ausencia en Río 2016. Son los brotes verdes de un deporte con apenas 2.000 licencias, poca atención pero mucha ilusión. «Es un deporte impresionante a todos los niveles. En realidad, no se valora en absoluto. Y es una pena porque son ocho horas de entrenamiento diario, de dolores, de muchísimo, muchísimo trabajo. No se realzan lo suficiente los valores que tiene y aporta. Es muy positivo tanto física como psicológicamente. Te enamora el alma».

La resurrección de Popa

Si alguien ha sufrido la dureza del deporte es Popa. Las lesiones, primero en el codo, y después, sobre todo, en la rodilla, casi acaban con ella. «Claro que vi que no podría volver. Después de la segunda operación la rodilla fue de mal en peor. Me fallaba al andar, no podía bajar las escaleras de frente porque se me salía. Había perdido la confianza en mí misma, en mi talento y mis condiciones». Pero la llama por la gimnasia no se había extinguido.

El domingo, a sus 22 años, disputará y disfrutará de una final en un Mundial después de casi cuatro años sin pisar este aparato. Y releva a Elena Gómez, la última final por aparatos, allá por 2003. «No había vuelto a pisar suelo desde mi primera operación desde 2015. Después de los muchos bases psicológicos el año pasado me fui a mi club -en Alcorcón- y mi entrenadora me dijo que diera clases a las niñas. Yo, que veía una barra y se me revolvía el estómago por todo el dolor que me recordaba, me subí y probé una vez. ‘Mira, no me he hecho daño, ¿y si pruebo a hacer otra rueda?’ Fue empezar de cero como las niñas», comenta, sin ocultar la emoción en la voz. «Me he vuelto muy llorica desde la lesión. Cada mínimo paso era motivo para llorar de felicidad. Y preparar un Mundial en apenas dos meses, ayudar en la clasificación olímpica y estar en la final… no me entra en la cabeza», ríe ahora.

«Todos los equipos que han estado y no en los Juegos tienen algo en común: han dado todo lo que tenían en su interior por este deporte. Y solo podemos mejorar. España es el país que más ha crecido. Tenemos ganas de demostrar lo que tenemos», sentencia Guisado. «Hemos devuelto la esperanza a la gimnasia española: a las entrenadoras y a las niñas del futuro», zanja Popa. Hoy, Cintia Rodríguez defiende orgullo en la final individual.



Lee más: abc.es

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *