La España que gana con un corazón único

La alegría se desbordó en la pista nada más acabar el partido. Un choque de 50 minutos. Dos prórrogas. Un corazón único y el pase a la final del Mundial. Medalla segura. Tocaba festejar, esta vez sí, aunque la euforia fue contenida. Queda un paso más, que ya no es una quimera. «Aún no hemos conseguido lo que queremos, que es ganar el campeonato. Estamos demostrando que podemos tener menos talento que otros años, pero el corazón está ahí», afirmaba Ricky Rubio, uno de los que más ha confiado desde el principio en este equipo.

Se acordaba el catalán de su madre, mirada siempre al cielo para ella, y no era el único al que le faltaban las palabras. «Siento emoción. No puedo dejar de pensar en el trabajo, en los chavales de las ventanas de clasificación que hicieron posible que estemos aquí, en mi familia, en mis compañeros… Pienso en toda la gente que nos ha apoyado y que ha confiado siempre en este equipo. Y, sobre todo, me acuerdo de mi hermana», reconocía Rudy Fernández, cuyo verano familiar ha sido turbulento por el aborto sufrido por Marta poco antes del Mundial. Lo ha pasado mal el capitán, uno de los mejores del equipo a pesar de las dificultades.

Ellos son dos de los que pusieron la cordura en el vestuario y rebajaron la euforia. «Cuando la cabeza no funciona, el corazón sí. Es una mentalidad que viene de muchos años. Es un trabajo constante, que no siempre sale bien. En los últimos Mundiales nos habíamos ido a casa en cuartos de final pero no habíamos bajado la cabeza. Ahora podemos soñar con el oro», asumía Ricky tras confirmar su primer medalla en un Campeonato del Mundo.

Para Scariolo, no se trata del metal de la fe, pero sí del más «inesperado». «Hemos ganado por la suma de corazón y cerebro. Hemos sabido jugar con paciencia en los momentos complicados, que los ha habido y muchos, mostrando carácter y competitividad. Sin tirar nunca la toalla», señaló el técnico, muy orgulloso de sus jugadores. De los veteranos y de los jóvenes, a los que «este campeonato les servirá para crecer muchísimo».

De esos recién llegados, Juancho era el más excitado. «Es el mejor partido que he vivido en mi vida. Hemos jugado todos con huevos. Parecía imposible, pero cuando nunca dejas de soñar pasan estas cosas. Ante Argentina, donde no lleguen las piernas, llegará el corazón», señaló el menor de los Hernangómez.

Enganchados a la tele

Fue un triunfo «histórico» para Llull, que poco a poco se va olvidando de la rodilla para volver a ser el que fue. Un jugador explosivo y determinante. Ayer lo fue con un triple sobre la bocina del primer cuarto y con otros dos cuando agonizaba la prórroga. Dos cuchillazos al corazón de Australia. «No siempre entran, pero hoy, cuando peor parecía que iban las cosas, hemos sacado el gen ganador», apuntó, feliz por poder enfrentarse en la final a Argentina, donde tiene buenos amigos como Campazzo o Gabriel Deck.

Será ese un partido que se vivirá con pasión en España, aunque a una hora más decente y en un día festivo. «¿Han puesto pantallas en las oficinas hoy? Me alegro si lo han disfrutado los aficionados. El baloncesto español está de enhorabuena si la gente nos sigue con tantas ganas. Pueden estar tranquilos porque la final será en la pausa para el café», bromeaba el seleccionador, sorprendido gratamente por el seguimiento que tuvo en el país el encuentro disputado ayer a las diez de la mañana. Un choque que ha devuelto el deporte de la canasta al primer plano y que quiere volver a teñirse de oro mundial mañana, en un duelo que se disputará a las 14.00 horas.



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