La maravillosa actuación de Marc Gasol que sorprendió al mundo

España disputará mañana su segunda final de un Mundial después de protagonizar un partido épico ante Australia en el que Marc Gasol brilló por encima de todos, demostrando que su liderazgo en incuestionable. Apareciendo en escena cuando más falta le hacía a la selección. Porque estuvo perdido el equipo durante muchos minutos, a merced de un rival que también hubiera merecido el pase, pero que se ahogó ante la inmensidad del pívot español. No fueron solo sus 33 puntos, sino la forma y el momento en el que los consiguió. Condensados casi todos tras el descanso. Cuando peor le iban las cosas a España, que remontó once puntos para forzar dos prórrogas y terminar ganando el partido. Medalla asegurada, que será de oro si consiguen vencer mañana a Argentina, el rival en la final.

Apenas llevaba cuatro puntos al descanso Marc Gasol, fruto de otros tantos tiros libres. Había fallado todos sus lanzamientos hasta el momento (4), pero su rostro no mostraba preocupación. La experiencia, esa de la que se ha hartado de hablar Scariolo, permite a jugadores como él mirar hacia adelante sin importarle el pasado más reciente. Solo así se entiende su transformación total en esos últimos treinta minutos de partido en los que resultó imparable. ( Cuándo, dónde y horario de la final)

Transformación total

Su mirada tras el paso por los vestuarios había cambiado y su relación con la canasta, también. Los malos porcentajes acumulados por el catalán durante el campeonato –apenas había anotado hasta el momento 3 triples en 18 intentos– le habían hecho centrarse en otros aspectos del juego menos mediáticos, aunque igual de importantes para el equipo. Los famosos intangibles en los que Rudy Fernández también es un maestro. Pero ayer, con el choque cuesta arriba y con el resto de sus compañeros atascados, Marc asumió el mando anotando los primeros cinco puntos tras el descanso. Un modelo para los demás, que se sumaron a su ejemplo para tratar de enjugar la desventaja, enorme por momentos. Inabarcable para cualquier corazón que no fuera el español.

Fue como si Marc hubiera destapado de repente el aro. «Como un bote de ketchup que no quiere salir y cuando lo consigues termina desparramado por todos los sitios», lo comparó Scariolo, que durante el descanso impulsó a Marc a ser más agresivo con el aro. A olvidarse de la versión que quería de él en los Raptors, donde sus puntos no hacían tanta falta. En Toronto, Gasol cumple un papel menos ofensivo, que es el que estaba luciendo en la selección hasta que se dio cuenta de que tocaba cambiar el chip y ser también el referente ofensivo. Tras su despertar en el tercer cuarto, el técnico italiano le dio un respiro, pero sin él esta vez la selección estaba huérfana.

Nervios de acero

Cuando volvió a la cancha, Australia dominaba por ocho, a lo que Marc respondió con tres canastas seguidas, incluido un triple más. Había recuperado la puntería definitivamente y era ya una amenaza contra la que los oceánicos no encontraban antídoto. Ni Bogut ni Baynes tenían los recursos para frenarle. Desatado el mediano de los Gasol, que ya puede presumir de tener más medallas en un Mundial que su hermano Pau. Cosas de familia. ¡Vaya genes!

Había sido importante Marc en la recuperación, pero le quedaba aún un reto más. Porque  enfrente estaba Patty Mills intentando hacerle sombra. Tanto, que tres tiros libres consecutivos del base de los Spurs pusieron el encuentro casi imposible. Tenía Australia cinco puntos de ventaja con tres minutos por jugarse. La épica entraba en juego. Más con una pérdida de balón absurda del propio Gasol, que sí, también cometió errores. Se botó la pelota en el pie tras recibir un pase. No se lo podía creer, mientras desde el banquillo le lanzaban mensajes de ánimo. Eso debe ser lo que llaman «la familia».

Ricky y Claver, que acababan de volver a la cancha, le dieron una palmadita en la espalda. Tocaba mirar hacia adelante. La experiencia, otra vez. Sobrevino entonces un arranque de orgullo fabricado por Rubio que acabó con Marc bajo el aro. Dos puntos más antes de que el catalán aterrizara en la línea de tiros libres sin apenas tiempo para nada. Acumulaba un paupérrimo 68 por ciento de acierto hasta la fecha en el campeonato, pero en su cabeza no había ya lugar para el error. Cumplió el español, pero no fue suficiente. Tocaba volver a empezar. En la primera prórroga, Marc sumó siete de los nueve puntos de España, los dos últimos, otra vez desde el 4,60. Donde minutos antes a Patty Mills le había podido la presión.

Había que jugar cinco minutos más y las fuerzas comenzaban a fallar. Emergió entonces el orgullo y el corazón y solo hizo falta que Marc anotara cuatro puntos más en esta última prórroga, impulsado por sus compañeros, que le dejaron el honor de cerrar su mejor partido con España anotando la última canasta. Detalles que demuestran la química del grupo. El secreto de este equipo que lleva ganando medallas desde hace casi dos décadas. Que solo se ha bajado del podio en dos de los últimos trece campeonatos y que en China tocará también metal. Será el noveno en la cuenta particular de Marc Gasol, que se perdió por lesión los Juegos de Río y que tampoco participó en el Europeo de 2015.

Sus 33 puntos de ayer son la tercera máxima anotación de un jugador con la selección en un Mundial. «No estoy para ránkings ahora mismo. Estoy muy concentrado en el próximo reto que tenemos que es la final», asumía el héroe de España. Un tipo gigantesco, parco en palabras porque no quiere distraerse del oro. El objetivo principal.



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