Las mujeres iraníes gritan gol

Para saber cómo es retroceder al pasado no hace falta una máquina del tiempo, solo conocer la historia de Irán. Hace cuarenta años, las mujeres podían vestir como desearan; hoy, en cambio, viven sometidas a la sharia o ley islámica. No debería ser noticia la presencia de 4.000 mujeres en un estadio de fútbol; no debería, pero se trata de Irán, el único país que les prohíbe la entrada a este tipo de recintos. Ayer, por primera vez en cuarenta años, se les abrieron las puertas del estadio Azadi para ver el partido que enfrentaba a Irán y Camboya. Una situación excepcional que se trasladó al césped, donde los locales ganaron 14-0. Nunca un resultado había importado tan poco.

Entre las paredes del principal estadio de Teherán se empezó a reconquistar el terreno perdido. Todo cambió con la revolución islámica de 1979, el derrocamiento del sha Pahlevi y la llegada al poder del ayatolá Joemini. Desde entonces, Irán se rige por un sistema que está subordinado a las decisiones de una cúpula ultraconsevadora y las mujeres han visto cómo han sido privadas de sus derechos en nombre del islam. Los estadios deportivos son un ejemplo: recintos levantados para el disfrute de la población, representan, en cambio, el oscurantismo en esta región, pues son lugares exclusivos para los hombres. Es solo un aspecto más de una sociedad que aparta, discrimina y señala al disidente, y más si es una mujer, víctima de un machismo de otro siglo.

Hasta la fecha, apenas se había superado el centenar de mujeres en un evento así. Solo unas pocas sabían lo que era presenciar en vivo un partido. Este «privilegio» estaba reservado, y en contadas ocasiones, para las familiares de los futbolistas, empleadas de la federación o diplomáticas. Otra forma de vivir la experiencia era la clandestinidad, detrás de un disfraz de hombre, una argucia que ha costado más de una vida. Las autoridades islámicas defienden que el ambiente en los estadios no es recomendable para ellas por la violencia y el lenguaje soez.

El muro de la intransigencia se agrietó ante Camboya. Miles de mujeres ataviadas con banderas nacionales, pintadas con los colores de su país y armadas con vuvuzelas animaron a sus compatriotas en el sueño de estar en el Mundial de Qatar. Hubo dos fiestas: la del césped, con la insólita goleada, y la de las gradas, con la también insólita presencia femenina.

«Una situación engañosa»

Mujeres de todas las edades abarrotaron los escasos asientos que les cedieron -menos de un 7% del total- frente a un estadio casi vacío. Esto, unido a que estuvieran prácticamente «enjauladas», ha sido criticado por asociaciones como Open Stadiums y Human Rights Watch, que han calificado el episodio como «engañoso, discriminatorio y peligroso».

La FIFA también ha jugado un papel importante. Una comisión del máximo organismo del fútbol acudió ayer al partido como apoyo a la decisión tomada por el gobierno iraní. Tras los noventa minutos, el presidente Gianni Infantino se mostró satisfecho, pero avisó: «La historia nos enseña que el progreso viene en etapas y esto es solo el comienzo de un viaje. Miramos más que nunca hacia un futuro en el que todas las mujeres puedan asistir a partidos en un entorno seguro. No se puede retroceder».

Menos optimista fue Maryam Shojaei, hermana del capitán de la selección nacional y activista en favor de los derechos de las mujeres: «Esto no es por lo que hemos luchado. Es algo bueno, pero una parte de mí está muy enfadada, especialmente por las barreras entre mujeres y hombres. Es un ejemplo directo de discriminación. Hay miles de asientos vacíos y nosotras no podemos comprar más entradas».

Los partidos de la liga iraní, en cambio, seguirán estando vetados para ellas. Por ello, resulta inevitable pensar que esta decisión se trata solo de un parche, una respuesta para apaciguar las demandas mundiales que reclaman más igualdad. Sobre todo tras la muerte de una mujer hace escasas semanas, un episodio que causó una gran conmoción internacional. Su nombre era Sahar Jodayari, tenía 29 años y se inmoló al saber que podría ser condenada a seis meses de cárcel por intentar entrar a un estadio disfrazada de hombre. Falleció hace ahora un mes y es ya un símbolo para sus compatriotas. Su espíritu combativo sobrevoló ayer el césped, pero fue la gran ausente en la grada de un estadio cuyo nombre, Azadi, significa libertad.



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