Pogba, mucho más que un portento físico

Paul Pogba, zancada grácil y mirada altiva, reúne en un cuerpo de centrocampista de otra estirpe las condiciones que elevan a los futbolistas a la categoría más selecta. Pasado el metro noventa, sus eternas piernas de azabache lucen trucos al alcance de los elegidos en esto del fútbol, un virtuoso de musculatura hipertrofiada y gestualidad tan elegante que dan ganas de sacar la cámara de vídeo por miedo a que cualquier momento caiga en el olvido.

Su cuerpo es mentiroso. La figura de Pogba, más propia de una estrella de la NBA que de un futbolista nacido para decidir partidos en el primer nivel, invita a pensar en un centrocampista forjado a golpe de sudor, la típica pieza que todo entrenador querría en su equipo para abrazar al famoso equilibrio. Su rol en la Francia que salió campeona del mundo en Rusia el año pasado no desmiente el prejuicio, obligado el futbolista del Manchester United a trabajar de lo lindo junto a Kanté para permitir que los Griezmann, Mbappé y compañía tuviesen libertad en campo contrario. Pero no por ello debe comprarse la carta del Pogba más aguerrido: su forma de entender el fútbol es la de quien tiene la portería entre ceja y ceja, y no entiende de puertas cerradas para alcanzarla. Su imaginación es infinita cuando se viste de corto. Si Neymar fuera centrocampista, Pogba sería un buen anticipo.

Los números no engañan. En los 124 partidos que jugó en la Serie A con la Juventus, Pogba generó 59 goles (28 tantos y 31 asistencias). En 95 de Premier League, la cosa se va hasta los 47 tantos (23 y 24). Hecha la cuenta, la calculadora arroja que el francés sale a un festejo por cada dos partidos jugados (0,48). Bernardo Silva, seguramente el gran centrocampista ofensivo de la pasada temporada en las principales ligas de Europa, no alcanza la productividad del ex de la Juventus (0,42). Modric, Balón de Oro en 2018, rinde menos de la mitad en esta faceta durante su estancia en el Real Madrid (0,22) y De Jong, el flamante fichaje del Barcelona para revitalizar su medular, es más un gestor que un llegador (0,28).

Pogba nació en Lagny-sur-Marne, una pequeña localidad de la periferia parisina, reducto que acogió a miles de guineanos después de que su país dejara de ser colonia francesa en 1958. Allí lo captó la academia del Le Havre, una de las más potentes de Francia, criadero al que el United tiró la caña para pescarlo cuando tenía 16 años. Líder de la selección gala que levantó el Mundial sub 20 en 2013, salió a la carrera de Manchester, donde sus continuas tiranteces con Alex Ferguson dinamitaron su progresión natural hacia el primer equipo. Ya en Turín, liberado junto a Pirlo y Vidal en un centro del campo resguardado por la innegociable línea de cinco defensas de Conte, explotó. Con Allegri, en 2015, rindió al mejor nivel de su carrera, final de Champions incluida. Old Trafford, necesitado como pocas veces de talento para volver a reconocerse en el espejo, tiró la casa por la ventana para repatriar a su hijo pródigo.

De rojo, ya nunca volvería a ser lo mismo para Pogba, un continuo tira y afloja entre potencial y realidad. Mourinho, en su etapa inicial como técnico del Manchester United, le hizo sonreír quitándole responsabilidades y haciendo del área su particular jardín. Por momentos, el técnico de Setúbal se mostró encandilado por el jugador: «Es difícil encontrar un centrocampista con más potencial que Pogba», proclamaba. La relación se envenenó y tuvo que llegar Solskjaer para rescatar a Paul. La liberación fue inmediata, prueba inequívoca de las capacidades del jugador cuando la música suena a su compás: ocho goles y seis asistencias en los 12 primeros partidos de Premier, invicto el equipo hasta que cayó ante el Arsenal.

«Paul ha madurado y ha crecido, ahora sabe elegir mejor cuando ir hacia arriba o quedarse. Con él parece que jugamos con doce jugadores», lo retrataba el pasado verano Lloris, su capitán con Francia. Ibrahimovic, que coincidió con él en Manchester, dio en su día lo que parece la clave para que Pogba sea Pogba: «No tiene nada que demostrar. Lo único que necesita es divertirse con el juego». El Real Madrid haría bien en tomar nota.



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