Rafa Nadal, el futbolista que se perdió España

Hubo un tiempo en el que Rafa Nadal, que recientemente se ha alzado con la victoria en el US Open y ha conseguido su 19 grande, usaba más las piernas para dar patadas a un balón que los brazos para jugar al tenis.

Nadie duda de que el maestro de la raqueta es un deportista todoterreno y un ganador nato. Sin embargo, el número 2 del ranking ATP no siempre soñó con el tenis. Sobrino de Miquel Ángel Nadal, exfutbolista español que jugó 18 temporadas consecutivas en la Liga española, y del que fuera su entrenador y precursor, Toni Nadal, siempre tuvo el corazón dividido. Inclinando la balanza incluso un poco más hacia el deporte rey.

De pequeño Rafa hacía maravillas con una pelota, una bastante más grande que con la que estamos acostumbrados a verle. Quería ser futbolista y siempre acompañaba a su tío Miquel Ángel, «el vikingo de Ses Illes», como le apodaban. Miquel Ángel debutó en el Mallorca como defensa central en 1986, club en el que estuvo hasta 1991. Durante ese periodo disputó un total de 152 partidos y anotó 32 goles. La temporada siguiente militó en el Barcelona y vistió la elástica azulgrana hasta 1999. Con el conjunto catalán sudó en 268 encuentros y firmó 15 goles. Un año más tarde volvería a su tierra natal y al club de su vida, donde se retiró (1999-2005). Ya en su segunda etapa como jugador mallorquín disputó 190 partidos y anotó 9 goles.

Quizá por la admiración a su tío y por sus innegables dotes con el balón, el pequeño Rafa siempre fantaseó con ser futbolista profesional, pero el viento del destino azotó su bonita relación con el esférico y le llevó hacia otra dirección. La de su otro tío. El hermano de Miquel Ángel, Toni Nadal. Fue este quien le inculcó su amor por las raquetas y el que le haría cambiar el césped por la tierra batida. Convirtiéndose en la bestia que es hoy. «Rafa hubiera preferido ser futbolista a tenista», reconoció el propio Toni años atrás.

No obstante, aunque su talento cristalizaría sobre las pistas de tenis, Rafa Nadal nunca se alejaría por completo del balón de cuero. Ya como tenista profesional llegó a inscribirse en el Inter Manacor, un equipo de la Tercera regional balear en el que Rafa militó durante su infancia en la categoría alevín. En el Manacor siempre será recordado como un delantero temible y el club le llegó a reservar el dorsal «9».

Rafa Nadal, que creció entre raquetas y balones de fútbol, siempre compaginó ambos deportes demostrando unas cualidades y una destreza inusuales en su temprana edad. Fue con solo 12 años cuando se enfrentó a la que posiblemente sería la decisión más crucial de toda su vida: fútbol o tenis. El balear escogió la segunda y ahora, a sus 33 años, curtido en mil batallas, cosido a lesiones y convertido en toda una leyenda, sigue demostrando al mundo que no se equivocó. Eso sí, y pese a que su tío tuvo una íntima relación con el Barça, el tenista no se pierde un partido del Real Madrid, el club de sus amores.



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